sábado, 17 de mayo de 2014

El parque de Arriaga (2ª parte)

4.- ÁRBOLES Y SÍMBOLOS Los árboles han servido de símbolos por la admiración y veneración que los humanos han sentido por ellos. Por sus grandes dimensiones, por ser una fuente permanente de riqueza y alimento, por procurar sombra y cobijo, por su longevidad testigo de varias generaciones de personas, han pasado a formar parte de nuestra cultura en forma de leyendas, mitos y creencias. La verticalidad de los árboles ponía en contacto ambos mundos; el cielo y la tierra. Bajo la sombra de los robles vascos se celebraban consejos o “batzarrac” que se transformaban en leyes no escritas pero de obligado cumplimiento. El tejo es el centro del calendario celta porque es el testigo inmutable del paso del tiempo, quizá por su longevidad. Para el poeta Ovidio el camino al infierno estaba "admirablemente" adornado  por estos longevos árboles. De la misma manera que el tejo es el árbol venerado por los pueblos del norte, el ciprés es el árbol sagrado y mitológico de los pueblos del ámbito mediterráneo. El ciprés estaba consagrado al dios Hades de los griegos. Hades era también el mundo subterráneo de las profundidades, rico en minerales y metales preciosos.Según la mitología griega, allí descansaban los muertos aunque les fuera permitido regresar al mundo de los vivos para "arreglar sus cuentas". Hades o Plutón para los romanos, les cedía un casco que les otorgaba el don de la invisibilidad y podían resarcirse así más fácilmente de sus enemigos. Después debían retornar al Hades. La mitología celta y clásica gira continuamente entorno a los árboles.O antiguas creencias de carácter pagano como que ahuyentaban a los rayos o protegían las haciendas de las tormentas. ¿Es por ello que existe un ejemplar de laurel junto a la ermita de San Juan? Julio César tenía siempre a mano una corona de laurel para ahuyentar al rayo, y así un montón de ejemplos más.


La Acacia de tres púas (Gleditsia triacanthos) posee estas peculiares legumbres que asemejan jirones de cuero retorcido aunque brillante y lustroso. A sus semillas se las oye en su interior cuando el viento las agita. 

Las catalpas (Catalpa bignonioides) proceden de América del Norte. Un árbol al que hemos denigrado y vejado. Lo trajimos para embellecer nuestras calles y ahora lo aborrecemos injustamente. En la imagen las legumbres, muy largas,se mantienen en el árbol hasta bien entrada la primavera. Es una imagen muy invernal la de estos árboles con las ramas desnudas y algo desoladas. 

Las vainas ya abiertas de las catalpas se amontonan en las márgenes de las sendas del parque en la primavera tras haber permanecido durante el invierno sobre las ramas de los árboles.

5.-LOS HAYAS: HABERLOS, HAYLOS Me refería  al carácter norteño del parque de Arriaga. Entonces es el lugar apropiado para los hayas. Según reza una sentencia popular “El haya, los pies secos y la cabeza mojada”. Esto nos quiere indicar que por su ubicación en laderas con cierta pendiente y una fuerte infiltración del agua en el sustrato hace que deba suplir esta carencia de humedad constante en el suelo con una fuerte humedad presente en el aire, lo que le procuran las nieblas tan presentes en las altitudes medias y altas de nuestras cordilleras. Las márgenes de las hojas de estos árboles de carácter un tanto mágico están recubiertas de una pilosidad que “atrapa” al agua condensándola y vertiéndola como si se tratara de pequeños canalones, hacia el suelo. Los hayas fueron aquí plantados por los jardineros pero se han habituado al entorno de nuestras ciudades por su afán generoso, tal es la cualidad de los árboles y de la Naturaleza.
En el parque podemos observar el haya común, y dos variedades de jardinería: el haya de hojas púrpura y el haya llorona de ramas caedizas. Haberlos, haylos.


No obstante, no los confundamos con los ubicuos y muy estimados ciruelos mirabolanos...



 

viernes, 16 de mayo de 2014

El parque de Arriaga (1ª parte)

0.- EL PARQUE DE ARRIAGA El parque de Arriaga consta de 180.000 ha. Se construyó en 1979 sobre antiguas tierras de labranza y de cereal.  Es el de mayor extensión. Además alberga más de 150 especies de árboles y arbustos. Es un auténtico parque botánico. Su situación geográfica, al norte de la ciudad y la influencia oceánica posibilita el crecimiento de especies propias de los bosques templados y húmedos como los tan ornamentales hayas de hojas púrpuras, los arces o los robles albares. El entorno industrial siempre gris y contaminado representado por la actividad febril de Michelin y el intenso tráfico de las circunvalaciones vecinas del entorno hacen de este parque un auténtico pulmón verde. Además de la rosaleda y su corolario de plantas aromáticas contiguas al aparcamiento debemos destacar la zona denominada “Parque de aventuras”. En torno a la pequeña cascada y los recoletos estanques de inspiración japonesa se hallan allí representadas las especies que componen el rico sotobosque típico de la vegetación de la llanada alavesa. Junto a la ruidosa y caótica circunvalación y en la zona más despejada y luminosa del parque residen las coníferas como los cedros, los abetos o las secuoyas, tan amantes de la luz. Para ello será necesario pisar el césped para poder admirar sus bellas siluetas y diseños tan dispares y comparar unas con otras. En la zona del parque junto a la calle de Aguirrelanda aún perduran los nogales, los avellanos y los cerezos que fueron plantados en lo que fue una zona destinada a huertas.
Junto a la ermita juradera de San Juan, dos ringlas o filas de chopos cruzan el parque y nos recuerdan que por allí pasaba y pasa aún el río Abendaño aunque sumergido en la oscuridad del olvido (y del asfalto)

1.- LAS CONÍFERAS Las coníferas, esas gigantes tan tenaces, son relegadas  a los lugares más inhóspitos y hostiles de la Tierra.
La escasez de agua y de suelo no son más que un acicate para ponerse a prueba y salir adelante. Sus hojas perennes no son más que una prueba de ello. Su diseño acicular, en forma de alfiler, se hallan envueltas por una gruesa cutícula que las preserva del frío y de las heladas intensas, además de la sequía. Y el carácter perenne de sus hojas no son más que una adaptación a las latitudes más septentrionales. ¿Para qué  tener que renovar sus hojas cada año si los meses estivales son allí muy breves? ¿No significaría una pérdida enorme de energía y de reservas? Sus ramas pegadas al tronco las protegen de los vientos acuciantes y sus formas cónicas, de las fuertes nevadas de aquellas latitudes. En cambio, son especies amantes de la luz y crecen en las zonas más despejadas e iluminadas del parque,junto a la calle de Juan de Garay. Destacan los cedros y los abetos además de alguna secuoya.Las coníferas, exceptuando unos pocos casos,crecen en el hemisferio Norte. 

Este conjunto de cedros junto a Juan de Ayala parecen bailar como derviches 


En la imagen de arriba una Picea pungens, de un llamativo color glauco o azulado, es frecuente en el parque. Detrás de ella le secundan los álamos boleanos, de troncos blanquísimos y de perfiles columnares. En la siguiente fotografía os muestro unas tumoraciones algo recurrentes en estos árboles. La madera, quizá por la acción de una bacteria, comienza a dar signos visibles de pudrición y el viento del otoño los quebrará irremisiblemente poniendo un punto y final a su ciclo biológico. 


Los parques urbanos son además modestas aunque interesantísimas colecciones botánicas. Las diferentes variedades de cada especie creadas por el hombre se proponen ensalzar tal o cual cualidad. Existen formas lloronas "pendula", formas piramidales "verticalis" o formas rastreras con una clara vocación arbustiva "horizontalis". El color del follaje también puede ser un factor ornamentístico; las tonalidades azuladas o grisáceas reciben el adjetivo de "glauca" o un otoñal follaje púrpura recibe el apelativo de "purpurea".


Me maravilla y sorprende a la vez la vocación decididamente espartana, sobria, adusta de nuestra vegetación ibérica. Las duras y rigurosas condiciones que se imponen sobre nuestros árboles les imprimen un carácter recio, montaraz, bravo. Lejos de la bucólica campiña, de la blanda y sinuosa loma o de la planicie risueña de nuestros países vecinos de Europa, aquí la vegetación ha de asentarse en escarpados y pedregosos cerros, orientados en muchos casos a un sol cegador, a una lluvia casi inexistente. Inevitablemente pienso en Azorín o en Baroja cuando fundieron en sus textos psicología y paisaje. Luego llegó Ortega para desmentirlo y presentar al paisaje como un espacio absolutamente moldeable y esculpible. Para Ortega la Castilla desamueblada era un rasgo más de la más absoluta desidia y dejadez del español. Definitivamente años más tarde llegará Delibes "desnoventayochizando" Castilla.

 2.- MIEDO AL INVASOR Las especies invasoras tienen la particularidad de ser plantas muy adaptables a los diferentes climas y condiciones de cada lugar. Libres de competidores que frenen su expansión, se reproducen desaforadamente poniendo en peligro a otras muchas otras especies. Su erradicación es difícil dando lugar a un impacto no solo ecológico sino también económico puesto que su erradicación requiere de medios a veces muy costosos. No olvidemos tampoco el impacto que muchas veces olvidamos, el paisajístico, alterándolo, diluyendo el carácter que la vegetación de cada zona imprime al paisaje, a sus características no solo culturales sino humanas. Un caso particular es el Ailanto, que crece por doquier en el parque de Arriaga al amparo de la cobertura que le prestan los macizos arbustivos. Esta planta es una exterminadora nata. Segrega una sustancia tóxica en las hojas y tronco que interviene en la modificación de las propiedades químicas del suelo limitando el crecimiento del resto de plantas en sus alrededores.

En esta imagen de la izquierda un ailanto crece espontáneamente entre unos macizos de cotoneásteres. Tiene unas hojas larguísimas que pueden llegar a los 50 centímetros. Si las frotáis segregan un olor acre muy característico. Tiene cierto valor ornamental dado que en el otoño sus frutos toman un color púrpura que destaca sobre el follaje verde aún. A pesar de su sambenito por su carácter invasor, no deja de tener su espacio reservado en el parque, como un ejemplo de lo que no debe ser, de la falta de previsión en la toma de algunas decisiones, muchas veces provenientes de las administraciones.
También se le llama Árbol del barniz o Falso zumaque.


3.- FLORES QUE NO VEMOS Estamos acostumbrados a ver florecer a numerosas plantas de flores muy llamativas y vistosas. ¿Quién de nosotros no se ha detenido durante nuestras caminatas para observar la temprana floración de los cerezos y de los espinos en la primavera? Resulta que existen otras especies que por su floración discreta apenas nos detenemos a observarlas, pero florecer, florecen. Es el caso de los robles, cuyas flores se agrupan en amentos y pasan muy desapercibidas, al igual que los Falsos arces o sicómoros. No debemos olvidar que en el parque de Arriaga, como en la mayoría de los parques urbanos, existen plantas provenientes de lugares remotos de características climáticas muy diferentes de las nuestras. Es por ello que muchas especies de árboles florezcan ¡en pleno otoño! tal es el caso de los cedros.
En esta fotografía podéis apreciar los amentos masculinos de la encina que crece en uno de los rincones del parque, junto a la rotonda de América Latina. Los amentos son esos filamentos colgantes en torno a los cuales crecen las diminutas flores masculinas. La encina (Quercus ilex subs. rotundifolia) es un árbol mediterráneo, amante de la luz. La madera de la encina es tenaz y resistente. Su hoja perenne parece no inmutarse al paso de las estaciones, excepto en la primavera cuando sus nuevas hojas tienen un tono verde más pálido que contrasta con las hojas maduras.

La silueta redonda de la encina es la imagen viva de la idea de fertilidad y de abundancia. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Las columnas de Salomón

El ciprés es tan consustancial a los cementerios y camposantos que también es conocido como el Ciprés de los cementerios. Es omnipresente en el cementerio de Santa Isabel aunque comparte espacio con los Cipreses de Arizona o arizónicas y creo que también con algún que otro Ciprés de Monterrey.
Flores masculinas y piñas (gálbulos). Apreciad las hojas en forma de escamas

Aspecto de la corteza grisácea y estriada. A menudo se desprenden en tiras

Las velloritas aprovechan las zonas intermedias o praderitas para florecer 
Las pawlonias, los evónimos y los árboles de Judas contrastan con las grises sepulturas



Ciprés que semeja una antorcha que simboliza, casualmente, a la vida
El empleo de este árbol en el mundo cristiano no es originalmente propio. Las culturas helénicas y otros pueblos antiguos transfirieron su culto a los cristianos. Fue un árbol adorado por los griegos. Su nombre proviene de la palabra "Kiprós", Chipre. Si el tejo es el árbol venerado por los pueblos del Norte, el Ciprés lo es por los pueblos del Mediterráneo.

"Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales..."
(Este es un poema de Gerardo Diego)

El Ciprés es un árbol rústico, resistente a las sequías y a las heladas. Su madera es dura y tenaz, muy resistente a la putrefacción. Platón propugnaba que las leyes fueran escritas sobre la madera de estos árboles dado que su madera era más dura que el bronce. Es por ello muy empleada en trabajos de ebanistería. Es una conífera, de la familia de las Cupresáceas. El rasgo caracterizador de esta familia son sus hojas escuamiformes que cubren enteramente sus ramillas. Se disponen imbricadas o puestas una frente a la otra. Parecen estar dispuestas como las tejas en los tejados o como la piel de los ofidios. La corteza es grisácea, muy pálida, ligeramente estriada y se desprende en tiras muy delgadas.
Las piñas son unos gálbulos, esas bolitas esféricas que van sujetas a las ramas por medio de un pequeño pedúnculo, a veces inexistente dependiendo de la especie.Están compuestas a su vez de escamas con apariencia de escudos que,a medida que va madurando, se separan y liberan a las diminutas semillas que se albergan en su interior.Las flores masculinas son muy abundantes en la primavera muy temprana y se disponen al final de cada ramilla.Entonces el follaje de estos árboles toma un aspecto herrumbroso,roñoso,como planchas de metal oxidado.
Los conos femeninos son menos abundantes y al principio de su desarrollo casi hay que buscarlos;son casi esféricos, primero de color verde, luego grises, brillantes y lustrosos. Luego se tornan leñosos una vez que maduran.¡Pueden permanecer en el árbol durante algunos años antes de abrirse!Los árboles emplean a veces extrañas estrategias para asegurar su descendencia.
El porte es típicamente columnar,muy identificable.Es un árbol al que se le relaciona con la inmortalidad por su longevidad y por su madera prácticamente incorruptible.
Alrededor de las tórtolas turcas existe una curiosa leyenda que os contaré. Son muy querenciosas de los cipreses, donde anidan

Existe una leyenda ligada a los Cipreses. Un rey de la antigua Grecia de nombre Cipariso tenía siete hijas preciosas. La gente las conocía como las Ciparisas. En las fiestas en honor a Core y Deméter, las chicas bailaron sin parar sin atender a su agotamiento. La más joven, extenuada, cayó en un estanque. Su hermana se lanzó a salvarla, pero su fatiga le impedía ayudar a la pequeña. Para evitar que perecieran ahogadas, una tercera hermana se lanzó en auxilio de las dos menores. Así, una tras otras otra, la siete muchachas se lanzaron al agua y se ahogaron. La Tierra, compadecida, las transformó en bellos cipreses.

martes, 29 de abril de 2014

La Naturaleza en el cementerio de Santa Isabel

Los cementerios son unos lugares especiales. Son lugares que apenas había visitado alguna vez. Son el lugar al que desembocan los muertos, ya amortajados, yacentes, callados. Son la culminación de un rito religioso y puestos allí, descansan mirando al cielo tapados por losas de piedra que los separan de los vivos.
Pero los cementerios vistos como esa colección de muertos que alberga son además ricos ecosistemas, universos de vida compuestos por multitud de constelaciones biológicas que giran a su alrededor. La posición cambiante de la Tierra con respecto al Sol, su vagabundaje en derredor suyo y a su vez el de la Luna con respecto a nuestro planeta diseñan el paso de las estaciones y de este modo imprimen sus improntas, sus regímenes de lluvias, de sequías, de vientos y de heladas. (Este movimiento celeste es pues el encumbramiento de unos a costa de los otros, y así sucesivamente. Y la prueba de ello es el retablo celeste que se manifiesta en el cielo nocturno, cuando unos planetas brillan inusitadamente a expensas de los que, escondidos o avergonzados de su postergamiento, esperan su rehabilitación y brillen ufanos otra vez.)
Qué mejor tributo o qué mejor frase para un epitafio que una flor (Malva loca)
Al hombre la muerte se le escapa, se le antoja difícil de comprender. La ausencia, la pérdida, la soledad son los rasgos inequívocos de la muerte, de su obstinada presencia, de su terca perdurabilidad que nos acompaña, que nos aflige, que nos demuda. Pero pienso que en la tristeza que sentimos por aquel que amamos, envueltos en esa pesadumbre que nos ahoga, reside el misterio de la íntima relación entre la vida y la muerte. La tristeza me sugiere ese tránsito, ese camino frágil y difuso que nos conecta con el amor y recordamos de esta manera, redivivos, a los que se fueron y ya no están. 
La tristeza es entonces ese sentimiento tan re-conocido por nosotros porque lo sentimos en momentos de soledad, de diálogo íntimo, en el silencio y al margen de los demás.

La muerte es infranqueable, es el último peldaño. Sin embargo es la condición necesaria para que la vida continúe.

Lápidas, sepulturas, mausoleos,catafalcos...Y los líquenes y los musgos adheridos a las piedras, desgranándolas poco a poco, como si el tiempo o mejor dicho, el paso del tiempo se convirtiera en un instrumento o una herramienta a su servicio que esculpiera sobre los nichos, como un buril, el nombre y los apellidos del difunto y seguidamente, la fecha en la que dejaron de existir.

El silencio y la quietud prevalecen sobre el tráfago urbano. El canto de los herrerillos "brrreeeche-che-che-che", el fagot de los mirlos, el zureo desapacible de las tórtolas y el parloteo estridente y agudo de los estorninos es lo único que puedo oír. Y el rumor del viento que las ramas de los cipreses ejecutan, haciéndolo pasar por entre sus ramas, como los dedos por entre las cuerdas de una guitarra...

Las cuadrículas tan geométricas en las que se haya organizado el cementerio hacen posible caminar por sendas rectas, a través de las cuales, medir los pasos es casi obligado porque los que allí yacen nos recuerdan que cada paso que damos es un paso de menos en nuestra existencia. Sin embargo esta geometría que comentaba me procuraba una perspectiva de nichos alineados y rematados en su mayoría por cruces superpuestas, amontonándose progresivamente, desacralizándose. Las borduras de los bojes ¡huelen tanto a boj! democratizan a la mayoría, es el boj secularizado por todos, ricos y pobres, es el común remedo de la muerte.
Caléndulas 
 Existen mausoleos presuntuosos, algunos, por qué no decirlo, cargados de una excentricidad llamativa, con un regusto esotérico que no casa tan bien con la liturgia cristiana, como si el mandato de la familia fuera conjugar sus ansias de riqueza y éxito en esta vida con las exigencias teologales prescritas por el Evangelio. Sin embargo existen otras más modestas que parecen casi improvisadas y excavadas con una pala. Parecen túmulos de tierra. Son las más humildes aunque las más bellas. En éstas la naturaleza ha encontrado la alternancia, la reciprocidad para subsistir y salir adelante. Quién sabe si, aprovechándose de las imperfecciones del féretro (si es que existiera), se hubo colado por entre los intersticios de las junturas mal claveteadas por el carpintero de turno y haya encontrado allí el beneficio de lo orgánico y, a cambio, gratificada y agradecida, embellece cada primavera con estallidos de color y de vida renovada, postrándose a la memoria y al recuerdo para regocijo y admiración de los amigos y familiares que los visitan e hincan allí sus rodillas, en la tierra húmeda.

Pensando estas cosas después de unos días de visitar el cementerio de Santa Isabel, me propuse escribirlas en esta bitácora como prefacio a otro que le seguirá y en la que la protagonista principal será la Vida.

sábado, 19 de abril de 2014

"¡Ay, mi Florida...! Cántenla...

...quienes puedan o sepan, con sus jardines coloridos, con sus arriates deslumbrantes de vario matiz; con sus efectos de visualidad maravillosa; con el correr de las aguas deslizándose quedas o saltando con estrépito por entre la loba de la cascada donde se enredan, brotando gayos, rosas y lirios; con sus pinos enhiestos; con sus castaños seculares..."

Con estas frases de palabras algo ampulosas y con ese lenguaje decimonónico tan de la época es cómo Herminio Madinabeitia le dedicaba a la Florida un artículo en un diario de la ciudad en 1926. Por aquella época la Florida ya estaba florida, adornada,ataviada de primavera con la profusa floración de estos árboles: los castaños de Indias. Fueron traídos algunos desde el paseo del cuarto de hora; otros fueron trasladados desde la calle adyacente del Canciller Ayala, otro personaje alavés, cuando crecieron demasiado y las quejas de los vecinos obligaron a su traslado.

Son los castaños de Indias representantes de un género que engloba varias especies distribuidas por América del Norte, Asia y Europa. El castaño de Indias es originario de los Balcanes,Grecia y se extiende incluso hasta el Himalaya. Nada tiene que ver con el Castaño europeo, que pertenece a otro género diferente que engloba a las fagáceas (robles,hayas y castaños)

Es un árbol muy ornamental desde un punto de vista paisajístico. Si crece aislado y con suelos profundos y bien drenados aunque no excesivamente húmedos, alcanza un porte y una belleza grandes. Le gusta la luz, los entornos soleados, aunque en los primeros estadios prefiere la sombra para prosperar, algo que hace con rapidez los primeros años de crecimiento. Luego, con la edad, su crecimiento se ralentiza bastante.

Los racimos son terminales (A. hippocastanum)
Es muy típico de este árbol el tamaño de sus yemas, marrones y brillantes por la resina que las recubre, engordando a medida que avanza el invierno. Las hojas son compuestas y constan de entre 3-7 folíolos. Al brotar llevan adherido a sus hojas una lanita herrumbrosa o rojiza muy característica. Los pecíolos son largos y se disponen opuestos a lo largo de las ramillas.
Las flores algo olorosas se agrupan en racimos o tirsos, según el término empleado por el botánico Ruiz de la Torre en su obra "Flora mayor". Los pétalos son blancos, papiráceos, con manchas amarillas o rosáceas para llamar la atención de los insectos. Los estambres son muy vistosos como pestañas muy maquilladas.

Flores pertenecientes al híbrido Aesculus x carnea
Los frutos son cápsulas espinosas en cuyo interior se almacenan uno o dos semillas,las "pilongas" recubiertas por una piel brillante,lustrosa, correosa, con un ligero veteado y con una mancha circular cerosa de color blanco que desaparece al frotarla.

Curiosamente es una especie muy poco atacada por los insectos según coinciden en afirmar varios autores. Sin embargo es muy frecuente en estos árboles el marchitamiento prematuro apreciable en los márgenes de las hojas ("socarrado") durante los veranos demasiado secos y calurosos, cayendo sus hojas al suelo finalizando el verano, algo que podemos comprobar en los ejemplares más expuestos del parque de la Florida.



Comparativa de las hojas.A la izquierda el Aesculus hippocastanum y a la derecha A. x carnea

Vellosidad herrumbrosa en las hojas muy característica al comienzo de la foliación

Los castaños procuran una sombra densa y abundante
Las castañas pilongas servían para sanar el asma de los caballos otomanos

jueves, 17 de abril de 2014

Lluvia de oro

El borne o lluvia de oro es un árbol que tiene un valor paisajístico innegable. No hay más que patear las calles de Vitoria o de media Europa, sobre todo en la Mediterránea, para asentir esta afirmación.
Es un arbolito que no alcanza más allá de unos pocos metros, aunque si encuentra la oportunidad no se queda a la zaga.
Ejemplar muy ramificado debido a un recepado intenso en el parque de Arriaga
En los parques de Vitoria los encontramos aislados o en grupos de dos o tres ejemplares pero es frecuente en todos ellos. Los árboles también quieren sus momentos de gloria y de lucimiento y la primavera y las estaciones sucesivas reparten los boletos que establecen los turnos para que no haya piques excesivos entre los concursantes y es entonces en el mes de abril cuando le toca a nuestro amigo el Lluvia de oro.

Es un árbol de hoja caduca.Sus hojas son trifoliadas, en grupos de tres. Cada folíolo es elíptico. Son de un verde más pálido por el haz y llevan impregnada una pilosidad similar a la seda y que también se nota en los ramillos. Las hojas compuestas tienen un pecíolo largo aunque su longitud nunca supera a la de la hoja. 
Las flores se agrupan en largos racimos colgantes que se mueven con la menor brisa o movimiento del aire. Éstas nacen en las axilas de las hojas. La corola tiene forma de mariposa. Las flores son de color amarillo intenso en ocasiones aunque las hay también de un amarillo pálido.

Fijaos cómo se distribuyen alternos los pedicelos a lo largo del racimo
Los frutos son legumbres que se disponen también en racimos, y tienen la apariencia de ristras de ajos secos puestos a secar. Maduran  en el otoño y se mantienen en el árbol todo el invierno, solapándose con la foliación que tiene lugar en la temporada siguiente. Las semillas son marrones o negras, arriñonadas.

Legumbres con sus semillas 
Según leo en el libro de Ginés López titulado "Guía de los arboles y arbustos de la Península ibérica este árbol "...aparece asilvestrado en setos,matorrales, lechos pedregosos de los ríos,etc,hasta unos 1200 metros de altitud, sobre todo en las proximidades de sitios habitados o junto a los caminos."

Se ha esparcido por gran parte de la Península, debido a su empleo como ornamental, estando presente en Andalucía, Aragón, cornisa cantábrica, Levante...

Su madera es muy dura, apreciada en la fabricación de instrumentos musicales y piezas destinadas a su incrustación en otros enseres u objetos más grandes como tocadores o tableros de ajedrez. De ahí que su madera rica le haya valido el nombre también a este árbol como de Falso ébano.


Hoja tri-foliada de un ejemplar en el parque de Arana (Vitoria-Gasteiz)

Aspecto de la corteza

viernes, 11 de abril de 2014

Mi reina sin trono: la tórtola turca

La tórtola turca es una de mis aves preferidas. No es ninguna rareza, lo sé. Quizá no sea demasiado tolerada por muchos. Es una tórtola que ha logrado expandirse en apenas tres décadas por toda Europa. En España fue avistada por primera vez en 1.960 en Asturias y actualmente las poblaciones españolas siguen aumentando.Apenas un reducto en Asia menor y Turquía eran sus localizaciones tempranas. Es un caso sorprendente. No lo confundamos con una colonización o invasión fruto de los escapes deliberados por parte de aficionados ni tampoco de criadores de aves exóticas.
No está catalogada tampoco como especie invasiva ni exótica puesto que su expansión ha sido natural y espontánea.

Es una tórtola algo más grande que nuestra tórtola migratoria, la tórtola europea. Presenta una coloración cenicienta por todo el cuerpo, aunque debido a los cruzamientos con la tórtola de collar, la que vemos en los aviarios, algunas presentan matices intermedios.La cola es larga, blanca en la parte inferior y ribeteada de negro. El anillo que bordea su nuca es muy característico, invisible en los ejemplares más jóvenes. En ocasiones presentan una coloración rosácea muy pálida en el pecho y en la cabeza.

En el pueblo de Lasarte (Álava-Araba) las tórtolas turcas son abundantes
En Vitoria las podemos ver prácticamente en todos los jardines de la ciudad aunque siente una predilección especial por los parques más alejados del centro urbano. Su hábitat predilecto son los pueblos cercanos y todas aquellas áreas humanizadas cercanas a la ciudad. Son muy querenciosas de algunos lugares. Los cipreses u otras coníferas de follaje tupido y siempreverde les brindan protección y cobijo. Se alimentan además de las semillitas de estos árboles, auscultando los piñones al alcance de ellas. En todo caso he visto cómo en algunos balcones aledaños a áreas ajardinadas, los vecinos las alimentan en los alféizares de las ventanas. No dudará en acudir allá donde la ofrezcan una migas de pan o unos granos de trigo.

—¡Mira,mira, fíjate que palomita tan curiosa! Y parece tan tímida...Le daré unos granitos de alpiste, a ver si se los come...

Quizá por su gracilidad y esbeltez, por su parsimonioso caminar en el suelo, donde se posan con mucha frecuencia me resulte una paloma elegantísima.

Su voz es un arrullo destemplado, trémulo y algo triste, repetido varias veces desde una antena o desde la copa de un ciprés o desde un cable telefónico "uuu...uuu...uuu..." irrumpido con una sílaba inicial ascendente.Si no fuera porque la escuchamos temprano al amanecer pensaríamos que se trata de un cárabo...