domingo, 22 de febrero de 2015

Zaldiarán:Troteras y danzaderas

Aún quedarían unos días más para que la nieve desapareciera de los labrantíos, de los campos de cereales cuyos brotes incipientes comenzaban ya a menudear, a pespuntarse hacia la luz y abandonar la oscuridad de la tierra, de la tierra siempre un poco tirana del campesino.
Mientras, desde lejos, Vitoria y su caserío pasaba casi desapercibido entre el paisaje alavés y sus contornos se diluían, sus barrios más jóvenes desdibujados y tan solo las torres de San Vicente,San Miguel,San Pedro y Santa María, así como el espigón neogótico del convento de la Visitación atestiguaban que la ciudad no había desaparecido, sino que languidecía soñolienta casi con los ojos cerrados, ensimismada por un celaje vaporoso y desleído por el humo blanco de las chimeneas de las casas.
Yo comencé a caminar, por los caminos ya trazados, por los senderos que los andantes como yo utilizamos para permitir que el cordón umbilical que nos une a la Naturaleza, aún tibio, se mantenga y continúe también su devenir.
El bosque, enmarañado y denso en algunos casos, en otros, limpio y adehesado, según las intervenciones que la mano del hombre haya querido imprimir al entorno, se hallaba densamente cubierto de una nieve alba y relumbrona. Los álamos pegados a los ríos parecían cartujos tunicados, ataviados con su hábito blanco, apuntados y místicos. Los abedules al igual que los álamos blancos traían a mi recuerdo grandes y vastas extensiones de suelo ártico por cuyas entrañas discurrían los trineos tirados por troikas de perros esquimales. Los quejigos, atosigados, mostraban todavía algunas hojas secas que luchaban, desde las ramas más altas, por asomarse al viento helado. 
Las aves, mudas y solitarias, sufrían los rigores y los reveses del invierno inclemente volando a aquellos lugares que la nieve no había logrado cubrir para alimentarse de lombrices de tierra y otros artrópodos. Los pinzones y las malvices eran las más frecuentes, además de las cornejas lutinas que manchaban los campos de negros graznidos que repercutían en el ambiente, chocando en mis oídos.
A medida que el camino transcurría la nieve se densificaba y su profundidad ganaba palmos.Comenzaba a atestiguarse el dominio de los pinos, antes de que las hayas, cobrizas y risueñas, encantadoramente risueñas, salidas de cuentos y leyendas de príncipes guapos y nobles y princesas sin príncipes, obliguen al silencio y a la quietud solo roto por el tamborileo esporádico de un pico picapinos o por los aletazos, abruptos y exclamantes, de las torcazas de tonos cenicientos y de vientres violáceos.
Aún quedaban por descollar los pinares de repoblación como antesala del hayedo y las voces de los caminantes que descendían con los perros, algunos desobedientes y levantiscos, y otros, mansos y cariacontecidos, que no se separaban de su dueño si no era más que para olisquear unos tomillos en los márgenes de los caminos.
Atravesé el hayedo pasada "la plataforma". Las sendas se estrechaban quebrándose, casi interrumpidas por la vegetación que se arrimaba al cauce de un arroyuelo de cuerpo líquido y saltarín, corriendo aguas abajo hasta refrenarse en algún azud, quién sabe, o para tributar su escaso caudal, rendido y cabizbajo, al comisario Zadorra.
Ya arriba, en lo alto del monte, en la cima, el paisaje se dilucidaba entre las vegas extensas del condado de Treviño y la llanada de Álava, con sus campos enteramente nevados interrumpidos por las aldeas como gigantescos túmulos blancos o amplísimos muros enjabelgados. 

Vayan a continuación algunas imágenes que completan, más que aclaran, lo dicho en estas líneas escuetas y vagas...

Carámbanos en una casa de Armentia


Una malviz o zorzal común busca lombrices de tierra

El bosque de Armentia y el invierno

Los pinos silvestres doblegan sus ramas para amortiguar el peso de la nieve

La vieja aldea de Esquibel


Zaldiarán (978m.)

Montes de Vitoria desde Zaldiarán

Mirando al sur

Al fondo,se vislumbra la entenebrecida cima del Arrieta

Siluetas negras


lunes, 16 de febrero de 2015

Pájaros

Las grajillas occidentales son aves gregarias, altamente sociables que construyen íntimos y complejos sistemas sociales. Las grajillas son córvidos, pertenecen a esa familia de aves un tanto denigradas por sus plumajes negros y oscuros, ligados con el mal agüero y los pronósticos funestos de consecuencias luctuosas. Desde luego que nada tiene que ver esto con la realidad. El sambenito se lo colgamos los humanos, siempre querenciosos al estigma, al encasillamiento de las cosas, absurdamente. Si estas aves de colores cenicientos y de ojos azulencos hablaran, nos darían mil vueltas. Existe un curioso libro escrito por un etólogo alemán, Konrad Lorenz cuyo título "Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros" es una vindicación de la inteligencia de estas aves. Las restituye y las coloca donde se merecen. Solo que en nuestras latitudes estas aves, junto con cornejas, cuervos y picarazas, gozaron siempre de mala prensa y fueron perseguidas y abatidas sin remisión, solo porque la ignorancia y la superstición alentaban todavía más a apretar el gatillo del escopetero o furtivo de turno contra estas aves agudísimas. Este libro, como os contaba unas líneas más arriba, son una colección de experiencias relatadas fruto de la convivencia del autor con ellas en su residencia austríaca, extrayendo así el lector sus conclusiones nunca antes imaginadas. Puede decirse que, el furtivo, después de empuñar el arma de la lectura con este libro y leer sus páginas sin necesidad de apuntar a nada más que a su sensibilidad, cabría esperar que trocara sus ánimos de exterminio por un deseo inequívoco encaminado a su protección y defensa. 
En todo caso, las grajillas pueblan nuestros campos y ciudades. Sus hábitos alimenticios son mayoritariamente vegetarianos si los comparamos con el resto de los córvidos. Sus poblaciones en la Península Ibérica son estables aunque se constató una ligera o tenue disminución en su número. En Vitoria las podemos observar en las casas con alguna altura conocidas como "casas de Echevarría" en cuyos bajos se halla la conocida cafetería de "El Mentirón" por ser este lugar un mentidero de la gente ociosa para reunirse. Sobre los tejados de este edificio y bajo sus aleros y cornisas, las grajillas protagonizan escaramuzas y riñas esporádicas emitiendo sus "chiaak" repetidos y algo desapacibles. Luego,en el invierno pero también durante otros épocas del año, se reúnen en sus dormideros sobre los castaños de Indias de ramas desnudas en el cercano parque de la Florida, al caer de la tarde, con las primeras luces de las farolas y los focos de los coches relumbrando en el asfalto de la carretera que discurre bajo ellos. A este coro grajillero se le unen las urracas, zanquilargas y colilargas, para pernoctar en las frías y desapacibles noches vitorianas.
El gregarismo de las grajillas es muy visible en los atardeceres cuando se congregan muchas de ellas sobre las ramas más altas de los castaños de Indias de la Florida

Las grajillas suelen adoptar estas posturas como "de enamorados" 





jueves, 27 de noviembre de 2014

Los arrabales de Juan Goytisolo

Me ha gustado el escritor Juan Goytisolo que ha sido elegido recientemente Premio Cervantes. "La resaca" (1.957) es un conmovedor y a la vez, entrañable relato. Son familias que viven en chabolas en mitad de un erial, con apenas algunos árboles raquíticos porque todo allí es raquítico,serpenteados por caminos de barro que los coches han de transitar sorteando los relejes y los lavajos. Los contrastes entre estos enclaves suburbiales y la Barceloneta opulenta y burguesa marcan la pauta de todo el libro. Una sociedad demediada entre clases zanjadas por la ideología imperante,la del franquismo, y un catolicismo omnipresente que ignora la realidad circundante exponiendo un catecismo que predica la igualdad y la justicia pero que no se materializa en nada.
Preciosa portada de la primera edición del libro en Destino 

Los Guirlocheros, la banda formada por Antonio, el protagonista, y otros miembros más como Metralla,Hombre-Gato,Drácula,Pepe,El Gitano,Neorrealista...es la coartada o el eje central sobre el que gira toda la novela. Encarniza ese mundo aparte,arrinconado y olvidado incluso de los suyos —sus progenitores—, y se lanzan al abismo,a la aventura del delito.Pequeños hurtos que se suceden uno tras otro empleando las más diversas y taimadas argucias a turistas extranjeros —y no extranjeros— que visitan una España que muestra tan solo una máscara pero que esconde su prez reversa y postiza de otra España, la real, encarnizadamente verídica,metida hondamente en las tradiciones que taponan el progreso y obstaculizan el mejoramiento del país y de sus habitantes.La España huérfana de calor y muerta de frío,de habitantes mutilados, desafectos, sedientos de cariño y afecto (suena tópico).
Metralla, líder del grupo,trabará una complicidad con Antonio y juntos quieren viajar a América para no volver y dejar de mirar atrás. Sus familias están carentes de una ligazón afectiva, sin esa especie de urdimbre espiritual que la pobreza, la necesidad, la ausencia de un hogar fue destruyendo poco a poco. Son familias
deshechas,desarticuladas,demediadas incluso por la guerra civil, son la muestra inequívocamente atroz de que no hay un horizonte más allá de las planchas de cinc de los techados de sus chabolas y ello les lleva a soñar con otras alternativas vitales. Quieren embarcar en una nave del puerto pero para ello han de reunir el dinero suficiente para lograr un soborno que les lleve al otro lado del Atlántico.
Finalmente,Antonio ve truncado su sueño porque Metralla le abandona con el botín y sus sueños se truncan.Del mismo modo que, los sueños de los otros personajes que discurren paralelamente en los diversos relatos que concursan en el libro, entrelazados de alguna manera, sucumben igualmente al fracaso. Toda la novela pues, parece derrumbarse como un edificio endeble, mal construido, entre las manos del lector y es ya una novela ruinosa,reducida a escombros.










lunes, 27 de octubre de 2014

Con la pluma y con el sable (de Pío Baroja)

Estamos en Aranda de Duero, en 1820. La guerra de la Independencia terminó hace unos años y España se encontraba bajo el Trienio Constitucional. Fernando VII reinaba y el país se reponía del bache de la guerra de la Independencia. Algunas industrias habían comenzado a florecer de nuevo "...fábricas de hilado y tejidos de lino, de cáñamo y mantelería para el consumo de la comarca; de curtidos, de cerámica,de cordelería,de alpargatas...La agricultura estaba relativamente próspera". Baroja hace también un análisis sociológico de la España de entonces; los liberales son la masa culta, y los absolutistas son el pueblo llano,el clero y los ricos terratenientes apegados a la propiedad de la tierra, a las grandes fincas.
Poco a poco van entrando en liza los personajes principales. Aviraneta,personaje principal, es el corregidor de la villa y el jefe político de una partida de liberales que lucharan en favor de las ideas liberales. Viajará de España a Francia y regresará nuevamente al final de la novela. Entre medias,una vertiginosa cadena de personajes que se nos van apareciendo; masones,militares de carrera, guerrilleros,clérigos...También aparece un viejo loco, algo así como una parodia burlesca del liberalismo a la que se veía sometida esta corriente de pensamiento entre las gentes del pueblo. De este modo, el "Tío Guillotina" personifica la debilidad, la endeble y casi anecdótica plasmación de estas ideas en la realidad política y social del país. 
En el segundo capítulo, Baroja sitúa al protagonista. Viene de Méjico, de Vera Cruz y es arrastrado por las circunstancias dado que se convierte en padrino y protector de Mercedes y de su hija Coro, ambas son madre e hija respectivamente de Ignacio Arteaga. Se instalan en Bayona. Aviraneta ve cumplido su sueño en parte, ya está en Europa y su deseo más inmediato es partir hacia España, donde se cuece la revolución. Los deseos de acción, la moral del personaje encaminada a la "acción por la acción" hacen de él un personaje insatisfecho, inquieto, espoleado por las circunstancias históricas. En España se barruntan ya los movimientos, las intrigas, la formación de clubes masónicos, reverberaciones éstas que traspasan los Pirineos.
En España, como ya dije al inicio, Fernando VII más que reina, intriga y O`Donell, conde la Bisbal está dispuesto a luchar por la revolución. A Aviraneta se le encomienda la misión de enterarse de lo que ocurre en España en aquellos momentos, en Madrid, en Sevilla, en Cádiz...Y cruza la frontera. En Madrid percibe la miserable situación política y social "El pueblo, a pesar de su corto número de habitantes, disfrutaba de diecisiete parroquias, cuarenta y dos conventos de frailes y treinta y dos conventos de monjas. Las calles se veían cuajadas de frailes,legos,demandaderos,y esto,unido a los mendigos, cojos, tullidos, ulcerosos, paralíticos que arrastraban las piernas, mudos que tocaban una campanilla y otros monstruos más o menos pintorescos, daban la ciudad un aspecto trágico y desagradable".El país vive en la miseria, el pueblo pasa hambre, el rey vive sus horas más bajas. Los liberales lo odian y el clero y las facciones más conservadoras lo aborrecen por sus titubeos y su falta de claridad política. Además está rodeado de la camarilla, de personajes mediocres que lo manipulan y lo engañan. Como ejemplo, he aquí a un personaje pésimo, Tatischeff, que entró en negocios entre el gobierno español y el gobierno ruso e incorporó a la armada española unos barcos inservibles, malos negocios desde luego.
Es así cómo durante este breve periplo por estas ciudades conocerá a los protagonistas revolucionarios,Riego,Istúriz, Azanza... así como a damas de la aristocracia. Aviraneta será siempre visto bajo la sospecha, dado que se le ve como a un advenedizo con intenciones no demasiado claras.Estos era militares de carrera y huelga decir que no veían con buenos ojos a los guerrilleros, muy curtidos, sí, pero hombres vulgares, toscos, sin preparación militar y de origen plebeyo. Lo mismo el ocurrirá a Juan Martín, el Empecinado. 
El perfil sicológico de Aviraneta  es un poco a la medida de esta clase de hombres aunque su versatilidad para manejarse con el pueblo llano y personajes de la alta alcurnia no es baladí. Y no se trata de un hombre ideológico sino que es un hombre que se mueve porque sí, ya sea a cara descubierta, ya sea mediante la intriga, pero sin fallar a sus objetivos últimos. Moral buena o moral mala, pero la moral llevada hasta sus últimas consecuencias. Pienso además que su falta de academicismo desata aún más si cabe sus instintos más primigenios o primitivos, siempre latentes. Su voluntad se halla despojada de cualquier clase de grillete que puede refrenar su voluntad, su inequívoca determinación. Veo en este personaje el "modelo barojiano" un poco alejado de otros modelos más contemplativos como el Fernando Ossorio de aquella otrora y sublime novela titulada "Camino de perfección". Me atrevería a decir además que Aviraneta es el contra-personaje de Fernando Ossorio por ejemplo. Mientras aquel busca la acción, la lucha, la consecución de unos ideales, el otro busca una realidad despojada de toda acción, una realidad desnuda. Más que ir en busca de la acción, rehúye de ella; más que provocarla, la amansa y como un barco a la deriva,maltrecho y zaherido por las corrientes de la vida, lo llevan a un reclutamiento, a una insólita y solitaria contemplación de la Naturaleza y del Arte.
Un poco desilusionado por sus andanzas por el sur, vuelve a Aranda. Las partidas liberales hacen maniobras en la plaza de Aranda del Rey,desfilan, se forman los cuadros y las unidades, ya sean de infantería ya sean de caballería. Baroja es realista en este punto y he aquí una vez más su escepticismo ante la vida,ante la visión del mundo tan ligado a su pensamiento que tenemos oportunidad de conocer por medio de las descripciones sicológicas de los personajes que integran estos ejércitos casi improvisados y nacidos de la pequeña burguesía principalmente. Alejados de otras narraciones en las que los ejércitos se nos presentan formados por hombres graves y valerosos, henchidos de heroísmo en cuyas charreteras rebrillan las medallas y las distinciones y otras condecoraciones casi hasta los pies, es el ejército arandino un ejército real, creíble. Es el paisanaje azoriniano pero llevado a lo estrictamente castrense y militar de la época. "Entre ellos [los oficiales] se distinguía el señor Castrillo,el farmacéutico,hombre amable,gran jugador de dominó y de ajedrez,liberal tibio y algo volteriano,que se reía de si mismo al verse vestido con uniforme y morrión..." 
La desafección por el liberalismo entre las capas más desfavorecidas, entre el pueblo llano no sólo era ideológica. Baroja muestra además de esa actitud escéptica que comentábamos antes, un profundo pesimismo en el triunfo de la revolución en España. En mitad de la pobreza atávica de los pueblos de Castilla - quizá leves atisbos de recuperación tras la guerra de la Independencia- la situación económica de las comarcas rurales españolas era paupérrima. En los capítulos VI,VII Y VIII del libro se nos aparece el pueblo de la Vid en el que existe un monasterio premonstratense. Aviraneta y los suyos -Diamante, Lebrel, Jazmín- reciben la orden de realizar un inventario de todos los bienes del monasterio a lo que se opone una gran parte de los lugareños y es que de una manera o de otra todo el pueblo se beneficiaba de las tierras monacales y sacaba provecho de ellas. La propiedad de la tierra es una vez más un obstáculo para la modernidad y el progreso de las ideas liberales en España.
La Vid será el escenario además de una emboscada por parte del cura Merino pero una vez más la audacia y originalidad de Aviraneta se pondrán a prueba y saldrán indemnes del lance. Entran en la iglesia y de un "spollarium" sacan a un San Martín al que  harán pasar por Aviraneta. A este santo de madera lo hacen montar a un caballo sujetándolo firmemente con una cuerdas de esparto. A continuación lo visten con una capa vieja y un sombrero y lo hacen salir de la iglesia, tras lo cual, los emboscados disparan pero Aviraneta y los suyos replican los disparos hiriéndole y haciéndole preso a uno de ellos.
Aviraneta es además un héroe romántico. La novela nos desvela su lado más humano cuando entra en amores con Rosalía, hija de un juez amigo de Aviraneta. Pero el elemento clerical, un obstáculo más en el camino que frena cualquier intento de progreso, se interpone una vez más en la trayectoria del protagonista. Y es que un cura, Víctor, se introducirá en la casa de la familia e irá introduciendo subrepticiamente un clima hostil contra él por sus ideas liberales y por sus conspiraciones políticas. Nona, la madre, le confinará a que tome una determinación: o Rosalía o nada. Aviraneta se opondrá tajantemente a abandonar su medio, la acción, se resigna a ello. Una vez más fiel a sí mismo determinado por su voluntad. Esta decisión no supone el abandono de sus propósitos afectivos e intentará una vez más jugar sus cartas.Sin embargo, Rosalía contraerá matrimonio con un joven rico y acaudalado de Aranda.A su vez, su hermana Teresita sucumbirá a una honda religiosidad a pesar de que sus ansias de conocimiento prometían una proyección relevante en cualquier otro centro de sabiduría o de ciencia, bien en Madrid o incluso en cualquier otro lugar de Europa. Finalmente Teresita ingresará en un convento. Vemos pues, una vez más,la mano del cura Víctor moviendo los hilos del destino de toda la familia. El estamento religioso ganaba adeptos e influencia como reacción contra el liberalismo y se infiltraba con sigilo en la vida de las familias más pudientes de los núcleos rurales. El relieve sentimental de Aviraneta también saldrá a la palestra cuando Soledad, una chica aún joven,salga en búsqueda de éste. Soledad, hija de un padre muy férreo e intransigente, busca la protección de Aviraneta. Sus virtudes y valores, rectos e indelebles a las circunstancias siempre cambiantes y a las veleidades del espíritu son una garantía para Soledad. Piensa que Aviraneta la guarnecerá de las adversidades. Al poco tiempo, viajarán juntos a París no sin antes pasar por Madrid donde conocerá de primera mano a la alta y atrabiliaria aristocracia tanto madrileña como parisina. Poco a poco se infiltrará en la corte, asistirá a las reuniones, a los cenáculos de la alta sociedad.
Pero hasta entonces Aviraneta deberá vérselas con el cura Merino y con sus huestes. Aquí el anfiteatro de la guerra civil son las regiones de Lerma, Santo Domingo de Silos, Hontanar del Rey...Son las partidas de los facciosos siempre mutantes entre el paisaje, o entre la población rural (el paisanaje) siempre pasiva y algo connivente, desde luego favorable a los absolutistas. Es en este momento cuando el Empecinado entrá en la novela y ya hasta el final, el Empecinado y Aviraneta lucharán juntos. O'Donell, conde de la Bisbal entrará en liza y será el elemento aglutinador ante la desunión manifiestamente torpe y poco efectiva desde un punto de vista estratégico y militar. Cabe destacar la inoperancia del monarca Fernando VII en estos asuntos, siempre adulador e inoperante y que en estos asuntos no lo va a ser menos. En este punto, Baroja condena en más de una ocasión a lo largo de la novela, la costumbre tan repetida en España de poner en los escalafones superiores a gente mediocre, vulgar,zote y abajo, los militares siempre más válidos, arrojados, útilmente valerosos en los oficios del matar y en los modos de llevarlos a a cabo siempre con las carencias y limitaciones inherentes en aquellos ejércitos del XIX..."Era una de estas disposiciones clásicas españolas, la de poner a las órdenes de un botarate miserable como Montijo,adulador del rey,delator de los liberales en 1814, a un hombre valiente y heroico como el Empecinado."
La preocupación noventayochista de Baroja se deja sentir en estas memorias,como en todas las novelas barojiana Copio un párrafo ilustrativo de este hondo sentir por el postergamiento de las ideas liberales que no terminaban de cuajar en el suelo patrio..."Se hizo una suscripción voluntaria para plantar árboles en los bordes de las carreteras, y el jefe político, Aviraneta y otros varios dieron cada uno quinientos reales y se comenzó la plantación en Arauzo de Miel; pero los primeros arbolitos puestos fueron enseguida arrancados." 
En los pueblos se formaron batallones, alguno llamado "Batallón de la Fe" y hubo juntas apostólicas.
Era frecuente en esta época la formación de sociedades, de clubes, de grupos masónicos que ocuparonn todo el espectro ideológico posible. Una de las más destacadas era la Fontana de Oro. Aviraneta era renuente a todas aquellas logias portadoras de un simbolismo exagerado y excesivamente alambicado que no casaba todo ello demasiado bien con su carácter espartano.Todo aquel envoltorio de ritos, de procedimientos ampulosos eran accesorios,poco prácticos. Aparecen entonces los Carbonari, un grupo masónico procedente de Italia. De los Carbonari descendieron más tarde los Comuneros, más acorde con el simbolismo español y caballeresco. En la parte de los absolutistas abundaban como setas varias sociedades secretas. Entre ellas, que englobaban bajo sus organizaciones todo el abanico posible de los conservadores, se encontraba el "Ángel Exterminador" nombre ilustrativo del carácter fanático e intransigente de sus ideas. Todos ellos tenían también a su servicio numerosos periódicos y publicaciones. La Gaceta era de los liberales donde podían conocer todas las evoluciones del liberalismo en toda Europa. En el lado más conservador y aboslutista se podían encontrar periódicos como El Espectador, el Imparcial...
Tras Madrid,llega París donde Aviraneta comienza a recopilar toda la información relativa a la situación en Francia. Son los años en los que en Francia corren rumores de una posible intervención por parte de la Santa Alianza para instaurar nuevamente la monarquía en Francia. Existen allá numerosos refugiados españoles que huyeron a Francia tras la restauración de Fernando VII.
En Francia se hallaban refugiados absolutistas o realistas y estaban subvencionados por el Rey Luis XVIII. Estaban divididos según fueran más o menos clericales.
Por un lado estaban los más ilustrados encabezados por Mataflorida y el resto estaba con Francisco de Eguía que eran los más clericales. Son grupos que están preparados para volver a la guerra una vez que Francia declare la guerra a España.
Baroja no olvida el paisaje en medio de tanta intriga, del ambiente de conspiración, de las circunstancias siempre tan convulsas en la que se encuentran los dos países. Una vez más nos describe el paisaje amueblado y risueño de la campiña francesa, envuelta en el orden y la limpieza, en una naturaleza domesticada, impoluta en contraposición con la siempre áspera, monótona, Castilla. Incluso las ciudades no escapan a la brocha narrativa del escritor y se nos presentan impecablemente burguesas, inmiscuidos sus habitantes en sus oficios, siempre silenciosos y diligentes a veces interrumpido por el ruido de una barrica que se desliza por los adoquines, el olor de la cebolla que se escapa de una tahona en la que trajina un cocinero, la bronca de un carnicero a su proveedor de todos los días quizá por una entrega a destiempo... Una bella descripción de las chimeneas y su variedad de estilos que desde la habitación vislumbra el protagonista copio a continuación..."Desde allí arriba se veía un panorama de guardillas y de tejados y un bosque de chimeneas de todos las clases, de ladrillo,de barro,de hierro, agrupadas como tubos de órgano,aisladas,torcidas,derechas,en zigzag,terminadas en caperuzas,cascos,mitras, morriones, sombreros de teja,sombreros de obispo y gorros de dormir". 
La novela acaba con todo su lirismo. Etchepare, un familiar de Aviraneta ha muerto ya en su casa de Bidart. Baroja canta los otoños vascos "lluviosos y templados" y describe el jardín ya solitario, huérfano con un sentimiento de nostalgia y mientras da unos pasos por sus senderos leemos "Al pasear por aquellos caminos,Aviraneta comprendió el gran amor del viejo Etchepare por la tierra, su culto vagamente panteísta por las hierbas,los árboles y las flores".

miércoles, 8 de octubre de 2014

Alas de mariposa

Yo apenas supe discernir una mariposa de otra. A golpe de observar sus evoluciones en el aire, de apreciar no solo los diferentes diseños de sus alas sino su variedad de formas, de asociar sus siluetas con las proximidades del cauce de un río o con praderas soleadas o con promontorios siempre escarpados concluí reconociendo algunas de ellas. De este modo aprendí que unas especies prevalecían sobre otras asociándose  a una vegetación específica que favorecía la preponderancia de una especie sobre otra. Y que el tipo de vegetación, —esto ya lo sabía—, varía de un lugar a otro incluso emparentados en su cercanía. Yo apenas conocía más allá de la Vanesa o la tan mentada Macaón, ésta última porque la pusieron de moda los periódicos locales desde que se tuvieron noticias de su existencia en los entornos lacustres de mi ciudad, Vitoria-Gasteiz.
Pavo real (Inachis io)
Sin embargo, tirando del hilo que iba desmadejando el ovillo, cada nuevo hallazgo o cada nueva especie que descubría me llevaba a la siguiente y así sucesivamente. Di con mariposas que, a pesar de sus coloraciones tan dispares, guardaban semejanzas en sus fisonomías, es decir, algunas eran netamente semejantes entre sí pero diferían luego grandemente en color y tamaño a pesar de que guardaban ciertas similitudes que me hacían pensar que de alguna u otra manera compartían un parentesco más que evidente. Con la primavera llegaron las primeras y allá por el mes de mayo comenzaron a asomar algunas de ellas. Las plantas aún no mostraban su floración y es por ello que las especies eran escasas. Pienso que aquellas pioneras de la primavera fueron no solo las más audaces sino las más rústicas y arrojadas porque el sol tímido y vergonzoso parecía acunarse entre las nubes como aquel recién nacido que esconde su ojuelos bajo el sayal de su nodriza...Luego a medida que la primavera descorrió el verano llegó la batahola de mariposas orquestales, festivaleras, multicolores...Eran una colección de retales fulgurantes que vibraban al compás de los días soleados. Estas demostraciones sólo remitían cuando las nubes se interponían allá arriba y entonces las mariposas plegaban velas y solo entonces volaban allá abajo, entre la vegetación espesa, agazapadas (como gazapos) o como lebratos huérfanos de calor. Me encandilaron sus colores, sus maneras de volar ¡planeos incluidos! sus caracteres; unas mansas y quietas, otras desconfiadas y levantiscas. Una veces se posaban en sus plantas nutricias, abriendo y cerrando sus alas espasmódicamente, como las valvas de un molusco. Me llevaron estas observaciones a hacerme con buenas guías relativas a los insectos lepidópteros (grupo que las engloba) y compartí algunas lecturas y conocimientos de la mano de algunas guías de la editorial Omega que compré en algunas librerías ya casi prontas al cierre y que descansaban allí, en la penumbra del olvido y entre el polvo siempre algo pudoroso. Allí se me revelaron los entomólogos (de la época de cuando Checoslovaquia como ya digo) pero que guardaban y guardan todo el conocimiento francamente actualizado, válido aún y nada deslucido a pesar del tiempo —y del cambio climático. Leo en estas cubiertas los nombres de los autores checoslovacos Ivo Nóvak y un tal Frantisek Severa así como un libro más pegado a nuestra provincia de Álava cuyo título "Mariposas diurnas de Álava" es un libro que despierta el interés por la cercanía. Aquellos libros fomentaron mi curiosidad avivada todavía más por sus denominaciones tan pintorescas que reciben muchas de ellas en los diversos idiomas y procedencias de toda Europa. Entre estos nombres tan peculiares puedo citar la “nazarena”,la “topacio, la “lunares de plata”, la “cejialba” o la “hechicera”, nombres vernáculos todos ellos que llevan implícitos comportamientos o características morfológicas que les son propias y que además portan en sí un conocimiento o sabiduría popular depositada en los arcanos de la Historia. La misma Historia que nos relata que el gran novelista ruso Nabókov fue,antes de nada, un ferviente admirador de estos insectos.

Una mariposa de la familia de los Hespéridos
Postura típica con las alas abiertas de una Vanesa de los cardos captando el calor del sol
Lobito agreste (Pyronia thithonus)
La Mariposa de la col es muy común en las huertas
Ícaro (Polyommatus icarus)
La medioluto (Melanargia galathea)
La tornasolada chica (Apatura ilia)


sábado, 31 de mayo de 2014

Los árboles




















(Viendo sus copas inclinarse a la luz, abrazar sus hojas las gotas de lluvia, agitarse sus ramas violentas con el viento iracundo, abrazar sus raíces la tierra que los sujeta, estremecidos todos ellos por la constelación de Orión en el cielo de octubre)

Aquella tarde de la primavera parecía escuchar el latido de los árboles, el flujo de su savia, el intercambio de agua, de luz y de nutrientes que tenían lugar en cada una de sus hojas. El Sol, el aire,el cielo lleno de luz combinaban sus alegres estados de ánimos con la gravedad y seriedad que demuestran siempre los árboles. La quietud y el inmovilismo aparente de sus raíces siempre hincadas en el mismo lugar como los hombres que nacen en un lugar determinado y se resignan a abandonarla porque solo acertarían a vivir y desplegar su existencia en base a unas coordenadas específicas que sus ojos ven e interpretan como únicas e inamovibles.Porque los árboles son como la Historia, ese sedimento de acontecimientos y realidades que vamos entretejiendo los humanos en los senderos de nuestro Destino como civilización. Ambos, árboles e Historia son siempre los mismos porque a golpe de vista somos incapaces de detectar o sospechar un mínimo de movimiento en ellos. La Historia la vemos siempre congelada en las páginas de los libros al igual que los árboles los vemos quietos y mudos en el paisaje.Ocurre lo mismo con nuestras vidas. Solo al final de nuestra vida, si tenemos la oportunidad, parece que nos es legítimo realizar un balance de nuestro caminar por la vida. El paso de los años nos facilita una perspectiva capaz de analizar, visualizar, valorar lo que llegamos a ser.Parece entonces que toda nuestra vida toma un realismo inaudito y los protagonistas, metidos en sus papeles, desempeñan sus roles con actitudes desiguales. La relación de unos con los otros impelidos por las circunstancias de cada momento tejieron la trama, la urdimbre de nuestra vida.Así también los árboles más o menos. Percibimos tan solo una "instántanea" o una imagen congelada de lo que son y por ello, muy inexacta e imparcial. Y dado que son seres muy longevos, más aún. El paso del tiempo y de los años va dilatando el aspecto o la forma de los árboles configurándose su fisonomía siempre a espaldas de nuestros torpes sentidos, miopes sentidos incapaces de visualizar los cambios acontecidos.Y es precisamente el paso del tiempo que nos ofrece una perspectiva o una atalaya desde la que podamos detenernos a observar, a procesar mentalmente los cambios, las transformaciones.Si fuéramos capaces de observar el desarrollo de una flor, de una hoja,de un fruto al igual que viéramos crecer una arruga en nuestra piel...

Sólo desde nuestra asunción de nuestras incapacidades podemos ser capaces de penetrar en el alma de los árboles. Para entenderlos, para saber quiénes son, de quiénes se trata, nos exigen que hablemos su mismo lenguaje: un lenguaje de humildad partiendo de la asunción y reconocimiento de nuestros propios límites e incapacidades, de nuestras imperfecciones como seres humanos, de nuestras torpezas. Los árboles son la gran metáfora de nosotros mismos. Y son un reflejo de lo que somos o de lo que debemos ser. Tienen un poder de restablecimiento de los valores, son re-habilitadores espirituales,recomponen nuestro paisaje o geografía espiritual a través de ese diálogo que se establece, de ese entendimiento mutuo nacido de la comunicación compartida por ese mismo lenguaje que nos propusimos establecer. Esta relación nos vincula de alguna manera con la Naturaleza y necesariamente, con nosotros mismos porque venimos de ella y daremos con los huesos en ella (Calderón de la Barca dixit).De todo ello son capaces los árboles. 
Conozcámoslos, amémoslos, abracémoslos,cuidémoslos...

viernes, 30 de mayo de 2014

Santa Isabel es ese lugar que todos visitaremos (2ª parte)

Los líquenes son esos grandes olvidados de los cementerios. Se adhieren a las lápidas colonizándolas y a modo de paneles explicativos, recrean o simulan la manera en que la vegetación comenzó a tapizar los riscos y rocas desnudas hasta formar grandes extensiones de bosques.Son una viva representación de las etapas dinámicas de la vegetación. Los líquenes son asociaciones entre una alga y un hongo muy fructíferas y exitosas. Son el comienzo de la vida. No deja de ser una contradicción resultante de ese juego de fuerzas que es la Vida. Me recuerda a las teorías de Marx y a aquello que decía Baroja de que la vida es "contradicción y pelea."¿Cómo un lugar reservado a la Muerte, al culto de los muertos, a esa insoslayable realidad que constituye la Muerte sea el lugar idóneo para el asentamiento de la Vida? Los líquenes crecen pues allí donde la vida aún no es, no existe, y crean las condiciones necesarias para la posterior implantación de otros tipos de vegetación más avanzados.


Los líquenes van colonizando la piedra y con la ayuda del viento, del frío y de la lluvia, irán disolviendo la roca...


...tras los líquenes se instalan los musgos, plantas muy primitivas aunque pioneras puesto que representan aquel insólito primer "asalto" de los primeros vegetales sobre tierra firme. Pagaron su hazaña, su arrojo primigenio, con un escaso y exiguo desarrollo y nula especialización que les permitiera crecer y competir como el resto de los vegetales, quedándose relegados a las zonas más oscuras y recónditas... 


...sobre el musgo se acumulan restos vegetales y un rico humus propicio para plantas más exigentes en nutrientes y más especializadas, capaces de nutrirse por sí mismas...


...ahí, sobre el verde oscuro del musgo aparecen manchas de un verde claro: son las plantas del género Sedum.Son plantas con hojas carnosas en cuyo interior guardan el agua y otras sustancias nutritivas sabedoras de la escasa 
presencia de suelo y consecuentemente, de escasez de agua...



Las hiedras son también plantas adaptadas a situaciones complicadas y siempre oportunistas acudiendo allí dónde se les presenta una oportunidad. Sus pequeñas raicillas adventicias que les sirven de fijación seguirán su trabajo "descomponedor" de la caliza o de la arenisca y por lo tanto, colaborarán en la disolución de los minerales... Las primeras herbáceas anuncian unas mínimas condiciones de humedad...  


...y que los árboles, en este caso, los Sicómoros o Falsos arces se encargarán de finalizar el ciclo hundiendo sus raíces en la roca y continuando la labor de creación de más suelo.